Job y el silencio divino

Cuando el silencio de Dios se encuentra con el grito de la adicción

En los momentos más oscuros de la adicción, cuando las oraciones parecen no llegar a ningún lado y la recuperación parece imposible, surge una pregunta que muchos no se atreven a decir en voz alta: ¿Dónde está Dios?

El libro de Job nos ofrece una respuesta que no esquiva el dolor. No nos da fórmulas fáciles, sino algo más valioso: compañía en el silencio.

1. El silencio no es ausencia

Uno de los mayores desafíos en la recuperación es sentir que estamos solos en la lucha. Pero el silencio de Dios tiene un propósito que va más allá de lo que podemos sentir en un momento de ansiedad o abstinencia.

La presencia de Dios no se mide por las emociones del momento, sino por su carácter inmutable y sus promesas. El silencio no llega para destruirte, llega para definirte.

2. La adicción y las pérdidas de Job

La historia de Job y la experiencia de la adicción comparten algo en común: las pérdidas se acumulan y se intensifican unas a otras.

La salud y el cuerpo. El cuerpo sufre, pero es el espíritu el que con frecuencia carga con la mayor desesperación. Job lo vivió en carne propia.

La identidad y la estabilidad. Job perdió su riqueza y su lugar en la sociedad. La adicción también despoja: del trabajo, de la reputación, de la imagen que uno tenía de sí mismo.

El apoyo emocional. Quizás lo más doloroso: cuando los más cercanos fallan o directamente sugieren rendirse. Esa soledad es devastadora, y Job la conoció bien.

3. La respuesta de Job: adorar cuando no hay respuestas

¿Cómo se responde cuando lo has perdido todo y Dios calla? Job no fingió que estaba bien. Gritó, cuestionó, lloró. Pero al final hizo algo inesperado: adoró.

"YHVH dio y YHVH quitó. Bendito sea el nombre de YHVH."

Esa frase no es resignación pasiva. Es el reconocimiento de que hay algo más grande que el dolor del momento. En la recuperación, ese mismo movimiento —soltar el control y confiar en un poder superior— es con frecuencia el primer paso real hacia la sanación.

Conclusión: el silencio como punto de partida

El silencio de Dios no es el final del camino. Es una invitación a profundizar, a pasar de una fe basada en emociones a una fe basada en su carácter.

Si hoy ese silencio te resulta ensordecedor, recuerda lo que Job descubrió: Dios sigue presente, trabajando en tu historia incluso cuando no puedes oír su voz.

Artículo basado en el estudio: "Cuando Dios guarda silencio".




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