En los últimos años, las bebidas energéticas se han convertido en compañeras habituales de estudio, trabajo y ocio, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Se anuncian como algo divertido, moderno e inofensivo, pero su composición y la forma en que se consumen muestran una realidad muy distinta. Detrás de cada lata hay una potente combinación de sustancias estimulantes que actúan directamente sobre el cerebro y el corazón, generando riesgo de abuso, dependencia y problemas de salud a corto y largo plazo. En este contexto, es fundamental que hablemos de estas bebidas desde la prevención, la educación y la mirada integral de las adicciones.