El IV Plan de Prevención de Adicciones 2025-2030 y lo que significa para todos nosotros
Llevamos décadas hablando de adicciones desde el estigma, desde el "es cuestión de fuerza de voluntad", desde la culpa. Y por eso, cada vez que una institución pública decide mirar la realidad con rigor científico y sin juicios morales, merece que le prestemos atención.
El Instituto de Salud Pública y Laboral de Navarra (ISPLN) acaba de publicar su IV Plan de Prevención de Adicciones 2025-2030, un documento que —siendo honestos— va mucho más allá de lo que suelen ofrecer este tipo de textos institucionales. Y quiero contarte por qué.
La adicción ya no es "el problema del otro"
El plan parte de una premisa que llevo años defendiendo en este blog: la adicción no es un vicio ni un defecto de carácter. Es el resultado de una interacción compleja entre la biología de cada persona, su historia emocional, su contexto familiar y el entorno social y económico en el que vive.
El documento lo llama "determinantes sociales de la salud". Yo lo llamo realidad.
Cuando un joven de 15 años comienza a beber —y los datos de Navarra dicen que esa es la edad media de inicio en el alcohol entre los chicos— no lo hace porque sea débil. Lo hace en un contexto de normalización social, falta de alternativas de ocio saludable y ausencia de referentes que le ayuden a gestionar sus emociones.
Los datos que no podemos ignorar
El plan recoge datos de las encuestas nacionales ESTUDES 2023 y EDADES 2024. Algunos números que me detuvieron:
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El 37% de los hombres jóvenes practica binge drinking (consumo intensivo en poco tiempo), una forma de consumo especialmente dañina para el cerebro en desarrollo.
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El cannabis sigue siendo la droga ilegal más consumida, aunque su consumo baja entre los jóvenes. El problema: la normalización social hace que la percepción de riesgo sea muy baja.
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Los cigarrillos electrónicos están sustituyendo al tabaco entre adolescentes, con la falsa creencia de que son inofensivos.
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Las adicciones sin sustancia están en pleno auge: videojuegos, redes sociales, juego online. El 6,5% de los chicos jóvenes muestra posible trastorno por uso de videojuegos.
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Las mujeres adultas consumen más hipnosedantes que los hombres, muchas veces como respuesta a un malestar emocional que no encuentra otra salida.
¿Te suena cercano alguno de estos datos? A mí sí.
Lo que me parece revolucionario de este plan
En mis más de 19 años trabajando en el campo de las adicciones —desde las aulas hasta los centros de tratamiento, desde conferencias hasta este blog— he visto muchos planes de prevención. Lo que distingue a este son tres cosas:
1. Habla de factores de protección, no solo de riesgos.
En lugar de construir el discurso sobre el miedo ("las drogas destruyen tu vida"), el plan propone potenciar lo que genera salud: vínculos afectivos sólidos, sentido de pertenencia, habilidades emocionales. Eso es exactamente lo que la neurociencia nos dice que funciona.
2. Incluye las adicciones sin sustancia.
Por fin un plan institucional que reconoce que el juego patológico, el uso problemático de redes sociales o la adicción a los videojuegos son tan reales y tan dañinas como el alcoholismo. El cerebro adicto no distingue si el disparador es la cocaína o las notificaciones del móvil.
3. Reconoce las desigualdades.
Las mujeres, las personas migrantes, el colectivo LGTBIQA+, las personas sin hogar... el plan nombra explícitamente a los grupos que más sufren las adicciones y que menos acceso tienen a los recursos de prevención. Eso no es ideología: es justicia sanitaria.
El reto que tenemos por delante
No todo es positivo. El mismo plan reconoce sus debilidades de partida:
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El 85% de las acciones preventivas actuales son universales (para todo el mundo por igual), cuando la evidencia científica nos dice que las intervenciones selectivas —las que se dirigen a quienes tienen mayor riesgo— son mucho más eficaces.
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La formación de los profesionales es insuficiente: el 60% de los técnicos de prevención navarros solo ha recibido cursos de menos de 30 horas.
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Existen grandes disparidades territoriales: no es lo mismo vivir en Pamplona que en un municipio del norte de Navarra a la hora de acceder a recursos de prevención.
Nombrar los problemas es el primer paso para resolverlos. Y este plan los nombra.
¿Qué podemos hacer tú y yo?
La prevención no es solo tarea de las instituciones. Empieza en casa, en el aula, en el equipo de fútbol, en el grupo de WhatsApp.
Aquí van algunas claves que este plan nos ofrece —y que yo llevo años aplicando en mi trabajo—:
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Habla sin estigma. Usar palabras como "vicioso" o "drogadicto" cierra puertas. "Persona con adicción" o "persona en recuperación" las abre.
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Desarrolla habilidades emocionales. La adicción muchas veces es una respuesta al dolor emocional. Aprender a gestionar emociones desde pequeños es la mejor prevención.
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Atiende el entorno, no solo a la persona. Si un joven vive en un ambiente de estrés, violencia o falta de vínculos, la charla de "las drogas son malas" no sirve de nada.
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Pregunta antes de juzgar. "¿Qué te pasó?" es siempre más útil que "¿Por qué hiciste eso?".
Una última reflexión
Navarra tiene ahora una hoja de ruta de seis años y más de 10 millones de euros de presupuesto para trabajar la prevención de adicciones. Es una oportunidad real.
Pero los planes son documentos. Lo que los convierte en realidad son las personas: los educadores que se forman, los padres que preguntan, los profesionales sanitarios que no juzgan, los técnicos municipales que diseñan programas con evidencia, y también los blogueros que difunden información veraz.
Todos somos parte de la solución.
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Diego Calvo Merino | Proyectoadicciones | Especialista en Teología y Adicciones
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